|
Tu familia y el ciberespacio
Conferencia Episcopal de USA, 16.VI.00
>> Declaración de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos de América, 16.VI.00
Introducción
Cada día son más las familias que descubren la utilidad de Internet. Por una cuota prácticamente simbólica, o incluso gratis, los usuarios de PC pueden conocer en tiempo real los resultados deportivos, las últimas noticias, información turística detallada, las cotizaciones del día, y acceder a museos de fama internacional y a innumerables juegos y recursos de ocio. Y es que busques lo que busques, lo cierto es que en algún rincón de Internet puedes encontrarlo. Además, conforme la ayuda pública va permitiendo que se conecten más colegios, Internet se está transformando en inestimable herramienta educativa. Escuelas, bibliotecas y comunidades, así como el mundo empresarial e industrial, están haciendo un uso cada vez más extenso de la Red.
Por desgracia, esta aportación tecnológica también tiene su precio. Algunos cibernautas piensan que el rigor de la ley no puede ni debe aplicarse al ciberespacio. Hay quien opina que el aparente anonimato de Internet libera de cualquier responsabilidad en las propias acciones. Otros apuntan que la fuerza ese Internet reside precisamente en su amplia diversidad, por lo que no aceptan regulación alguna que pueda acabar con esa pluralidad. Mientras tanto, uno de los mayores cauces de tránsito en la red se dirige a los sitios pornográficos, mientras que otros sitios transmiten la intolerancia de determinados grupos y otros aún constituyen sencillamente nuevas oportunidades para los timadores de toda la vida. Por ello, navegar por Internet puede ser un poco como visitar el mejor parque temático del mundo y encontrarse con un vertedero de residuos tóxicos.
El ciberespacio
¿Dónde esta el ciberespacio? Se trata de un mundo de conexiones a larga distancia y acceso a numerosas fuentes de información, en el que entras cuando enciendes tu ordenador o cualquier otro soporte que te de acceso a él. Internet es en realidad una red mundial de ordenadores propiedad de todo género de empresas, organizaciones y –ahora también– de individuos. Puedes pensar en él como un sistema telefónico para ordenadores. El público en general accede a él mediante los proveedores de acceso, que lo ofrecen por el pago de una cuota o incluso gratis, o bien mediante servicios en línea como América Online, que junto con el acceso suministran un «paquete» de servicios que, de no ser así, requerirían cuotas separadas. Resulta importante subrayar el aspecto global de Internet, ya que en la Red se pone a disposición del usuario información procedente de todo el mundo. Pero ello significa también que los sitios peligrosos pueden hallarse fuera del alcance de las leyes nacionales. He aquí algunos de los servicios más populares de Internet:
La Word Wide Web (www = red mundial), en la que empresas, organizaciones e individuos ponen «sitios» con «páginas» que pueden leerse o descargarse con asuntos tan heterogéneos corno la política, el deporte, las artes o los programas de televisión más seguidos. Puedes explorar estos sitios mediante un programa llamado «navegador», como el Netscape Navigator o el Microsoft Internet Explorer.
El correo electrónico te permite mandar mensajes a tus amigos evitando todo el jaleo y la molestia que suponen sobres y sellos.
Los grupos de noticias son parecidos al correo electrónico, pero te permiten enviar mensajes a más de 20.000 buzones de correo temáticos en los que otras personas interesadas en el mismo tema pueden leerlos.
Los chat son como conversaciones telefónicas que puedes prolongar todo el tiempo que quieras y en las que se comunica mediante el teclado en vez del teléfono.
La mensajería inmediata permite comunicaciones inmediatas en tiempo real con otra persona conectada a Internet.
Las listas de correos, con moderador o sin él, son «grupos» de discusión sobre determinadas materias, en los que se envían mensajes de correo electrónico a los miembros, que pueden suscribirse de forma voluntaria.
Videoconferencia es la posibilidad de utilizar cámaras conectadas a Internet para que varios usuarios comuniquen de forma audiovisual en tiempo real.
Los MUD Dimensión Multi–Usuario son sitios de Internet donde los usuarios pueden participar junto con otros jugadores en juegos de rol.
Precauciones para los usuarios
Los padres se preocupan por las facilidades de acceso que en Internet tienen los niños a la pornografía y otras informaciones potencialmente perjudiciales como mensajes de intolerancia o información sobre cómo conseguir y utilizar arenas. Aunque uno no busque semejantes cosas, difícilmente puede soslayarlas. Bastarían unos cuantos «clics» del ratón para que un niño curioso encuentre un océano de material sexualmente explícito o lleno de violencia gratuita o de intolerancia, disfrazado a veces bajo direcciones que se antojan inofensivas o incluso beneficiosas. Muchos de los sitios pornográficos "X" preguntan si has cumplido 18 años, pero no hay forma de calcular cuántos de estos sitios procuran comprobar la respuesta antes de proporcionar muestras gratuitas de lo que ofrecen. Incluso un contacto accidental con tan variado y dañino material puede tener sus consecuencias.
Justamente se preocupan también los padres del contacto con extraños a través de los chats. En una reciente encuesta, por ejemplo, aproximadamente una tercera parte de los lectores de una revista dirigida al público juvenil se han quejado de que en la red otros usuarios trataran de encontrar su contraseña o utilizaran un lenguaje ofensivo. Tanto adultos como niños han sido víctimas de acosadores sexuales a través de Internet.
El mundo del ciberespacio pone a niños y adultos, a menudo desde la intimidad de sus hogares, en contacto con material violento, intolerante o explícitamente sexual que en la sociedad convencional suele mantenerse convenientemente apartado. Un individuo solo ante una pantalla de ordenador puede verse falto del necesario apoyo moral y social para resistir ante aquello a lo que se ve inducido. Semejantes sitios pueden influir mucho en la interacción social tanto de adultos como de niños. Por lo que atañe a estos últimos, por ejemplo, un discurso intolerante puede distorsionar sus primeras impresiones acerca de personas pertenecientes a otros grupos étnicos o nacionalidades.
Por lo que respecta a la pornografía, que tiende a generar hábitos y a incrementar necesariamente el material gráfico para mantener su «morbo», la pornografía de Internet plantea nuevos retos a la responsabilidad personal y somete a nueva presión las relaciones conyugales y familiares. Aunque algunos proveedores de acceso a Internet tratan de moderar los chats, lo cierto es que las conversaciones explícitas en éstos o por correo electrónico –al igual que las líneas telefónicas de carácter sexual– pueden llevar tanto a adultos como jóvenes a situaciones inmorales e incluso peligrosas. Tal y como las revistas, las películas y los programas de televisión, los sitios de la Red pueden transmitir imágenes cuyo efecto es el mismo.
La Iglesia e Internet
La religión puede beneficiarse mucho de un uso adecuado del ciberespacio, tanto de servicios prácticos como el de ayudar a los viajeros a encontrar un iglesia para asistir a misa, como de recursos para la investigación académica de numerosos temas relacionados con la Iglesia. Sin embargo, además de los problemas que quedan indicados, el ciberespacio se ha llenado de gran cantidad de información engañosa o simplemente inexacta acerca de la Iglesia. El hecho de que encuentres algo en la Red no significa que sea verdad; y el mero hecho de que un sitio incluya el adjetivo «católico» en su denominación no implica que refleje la doctrina y la practica de la fé católica. Que el comprador tenga cuidado es advertencia que le viene como anillo al dedo en este caso.
Decenas de miles de sitios web están relacionados con la religión, y miles pretenden dirigirse específicamente a los católicos. Algunos de ellos representan a instituciones católicas, como www.vatican.va. Tu arquidiócesis o parroquia o ambas posiblemente tengan ya una página en la Red. Resulta importante consultar con las autoridades pertinentes a este respecto. Por menos de cien dólares puede registrarse un dominio es decir, una «dirección» de un sitio web, y aunque van apareciendo nuevos procedimientos, es posible que otras entidades se apropien de las denominaciones oficiales de tu parroquia o arquidiócesis.
Sé cauto con todo sitio «católico» que no esté relacionado con instituciones u organizaciones católicas fácilmente identificables. Ten en cuenta que hay quien emplea denominaciones aparentemente católicas para difundir propaganda, anticatólica e incluso pornografía. Si encuentras sitios "católicos" que contengan información de procedencia desconocida o afirmaciones que te suenen extrañas, informa a tu parroquia o a tu diócesis.
¿Qué pueden hacer los padres?
A fin de cuentas, la mejor protección contra un empleo indebido de Internet es la presencia en tu hogar de un ambiente de oración y de compartir los valores cristianos, en el que tales preocupaciones puedan discutirse abiertamente entre todos los miembros de la familia. En semejante ámbito, tu interés e implicación contiguos en el empleo de Internet por parte de tus hijos saldrán a flote de forma natural, aunque no seas un experto en informática.
El punto de partida para un empleo seguro de Internet consiste en reconocer que las mismas regias por las que te riges en el mundo real se aplican igualmente al ciberespacio– Si dices a tus hijos que no hablen con extraños, lo mismo vale para Internet. Y así como exiges de ellos que te digan adónde van, debes preguntarles con quién «quedan» cuando «salen» por Internet. De la misma forma que escuchas a tus hijos cuando te hablan de sus amigos, escúchales cuando hablan de lo que encuentran en la red.
La perspectiva de «enfrentarse» a un ordenador con vistas a una mayor seguridad de Internet en el hogar se revela desalentadora para muchos padres. He aquí cuatro trucos que pueden ayudar:
Si es posible, consigue tu acceso a Internet mediante un proveedor de acceso que excluya por lo menos parte del material inadecuado de uno de sus clientes los ordenadores que proveen el acceso a Internet. Consulta las páginas amarillas y contacta con ellas para saber si se trata de un servicio disponible en tu zona.
Opta por un proveedor que ofrezca servicios con control de contenidos, y actívalos. Dichos servicios pueden utilizarse para restringir el acceso a determinados chats, grupos de noticias de éstos, unos pocos acaparan gran parte del material más perjudicial, y a algunos sitios web.
Algunos proveedores ofrecen la posibilidad de registrar los sitios visitados. Si el tuyo ofrece esta opción, activalo. Si hubiera motivo para ello, podrás controlar qué sitios visitan tus hijos.
Procura instalar programas de filtrado de contenidos. Los tras populares son CyberPatrol, CyberSitter, Net Ninrly, Surfwatch, X–Stop y Rated–Pg. Recuerda que métodos –por ejemplo, el análisis de las palabras–clave o las evaluaciones individuales– y criterios pueden variar de uno a otro programa.
Ninguna de estas precauciones puede garantizar que tu hijo no esté expuesto a contenidos censurables, pero constituyen un buen punto de partida. Si bien imperfectos, logra comunicar a tus hijos tus propios valores. Además, si los padres no se preocupan acerca de[ empleo de Internet por parte de sus hijos, éstos pensarán que no necesitan control. Sin perjuicio de lo esencial que resulta la protección, hay que subrayar que los programas de filtrado también restringen la posibilidad de investigar en Internet, y pueden involuntariamente impedir las visitas a sitios útiles.
Por lo que respecta a los ordenadores, no te sientas cohibido si tus hijos son los expertos y tu quien queda rezagado: aprecia y disfruta su conocimiento como lo harías en el deporte, en la música o en cualquier otro campo. A fin de cuentas incluso puede rebelarse enriquecedor y divertido, ya que hay muchísima información acerca de la fé, de la religión y de muchos otros temas en Internet. Buscarla juntos puede constituir una serie competencia para los programas de mayor audiencia de la televisión.
Responsabilidad compartida
Opinan algunos que internet es demasiado extensa y compleja como para poder controlarse. Cualquiera de las soluciones que se ofrecen tiene fallos, incluso el de cargar sobre los padres el problema de la protección de sus hijos, como si fuera posible o incluso deseable que los progenitores pasaran con los hijos las veinticuatro horas del día. La complejidad de Internet, de todas formas, no justifica la renuncia. Significa en cambio que existe una responsabilidad compartida no sólo con vistas a la protección de los hijos sitio también para asegurar la contribución de Internet la cortesía y armonía propias de la sociedad, así como al mantenimiento de lo principios morales. De no ser así, podría fácilmente transformarse en vehículo a disposición de los propagadores de intolerancia, violencia y obscenidad.
No es ni realista ni justo que los padres carguen con todo el peso: ¿Acaso pueden estar perpetuamente con los hijos en el colegio o en la biblioteca, cuando intercambian discos o en el autobús escolar? Sin embargo, el papel de los padres en muy importante, empezando por ese ambiente cristiano que tienen que crear en su hogar y continuando con su interés e implicación en el empleo de Internet por parte de sus hijos. También pueden influir en los proveedores de acceso a Internet y en los servicios en línea con vistas a que se creen filtros de acceso a la Red. Y de la misma forma que algunos restringen el disfrute de la televisión a una hora o menos al día –o incluso deciden prescindir de televisión en su hogar– igualmente tienen la posibilidad de restringir el uso de Internet a un período relativamente breve cada día.
Tecnología: No falta quien opina que este problema ha quedado completamente resuelto por obra y gracia de los filtros y de las clasificaciones de sitios, dos herramientas diferentes para el control de material pornográfico, violento o intolerante. Pero los padres no pueden dar por sentado que los ordenadores de colegios, bibliotecas o del vecino de al lado tengan filtros instalados, y además la mayor parte de los sitios no están clasificados. Además, los sistemas de filtrado no resultan completamente satisfactorios, y junto con el material censurable excluyen a veces páginas provechosas. Lo mismo cabe decir de los sistemas de filtrado que tratan de excluir abusos en el material orientado desde el punto de vista de la fé. Se trata de sistemas que, si bien no son la panacea, proporcionan por lo menos una solución parcial. Quienes operan en la vertiente tecnológica del problema deben seguir mejorando los sistemas de filtrado para proporcionar un producto lo más satisfactorio posible.
Buen hacer empresarial: Los estadounidenses esperan de las empresas que actúen como miembros ejemplares de la sociedad, y piden explicaciones cuando éstas no lo hacen. Internet no debería constituir una excepción a este respecto. Deben adaptarse códigos voluntarios de conducta con arreglo a los cuales las empresas determinen no acoger a sabiendas material ilegal o engañoso en su servidor de acceso a Internet, como ya sucede en algunos sectores industriales. Si se ofreciera mayor número de opciones de acceso a Internet mediante servicio de filtrado por parte del proveedor, el volumen de la demanda sorprendería a las mismas empresas.
Legislación: También la administración tiene su tarea. La 1ª Enmienda no ampara cualquier tipo de discurso. Si Internet debe formar parte de la comunidad, las leyes que se aplican a los demás medios también deberán aplicarse al ciberespacio. El proveedor de material ilegal deberá afrontar las pertinentes consecuencias legales, si bien dicha legislación no puede aplicarse a los sitios extranjeros.
Menú de Ayuda
Consejos para un empleo seguro. No se requieren conocimientos técnicos especificas
Tómate tiempo para formarte acerca de Internet. Se trata de una inversión con vistas a la seguridad y al bienestar de tus hijos,
Escoge un proveedor de acceso a Internet que brinde la posibilidad de un acceso filtrado.
Sitúa todo ordenador provisto de acceso a Internet en una zona común de la casa, no en el dormitorio.
Dedica tiempo a navegar por internet con tu hijo, incluso si no eres más que un aprendiz interesado; el resultado te sorprenderá muy gratamente.
Estimula a tus hijos para que mediten sobre lo que encuentran en internet, y para que recurran a ti cuando, por ejemplo, se topan con alguna información «católica» que no coincide con lo que sobre la Iglesia han aprendido en casa o en el colegio.
Centra la atención en los sitios y materiales buenos a tu disposición.
Educa a tus hijos para que empleen responsablemente el correo electrónico, ya que éste, correctamente usado, constituye un servicio de Internet tan divertido como útil.
Anima a tus hijos para que sometan a tu atención toda duda, y pídeles que te comuniquen sus problemas.
Advierte a tus hijos que jamás deben proporcionar información personal –nombre, dirección, teléfono– a nadie en Internet sin tu permiso. Y que nunca deben enviar fotografías.
Diles a tus hijos que nunca rellenen cuestionarios de Internet sin tu permiso.
Diles a tus hijos que no contesten jamás a ningún contacto agresivo o invitante a cualquier cosa que haga que se sientan incómodos, y que te informen cuando surja algo así.
No permitas que se encuentren cara a cara con personas que han conocido por Internet, a menos que no exista una buena razón al respecto o que alguna persona de confianza esté presente.
No reacciones de manera desmedida si tus hijos someten a tu atención algo inadecuado, pues de esa forma se verán intimidados y no volverán a consultarte.
No minusvalores el significado de los discos guardados a escondidas: el empleo de material pornográfico o intolerante tiende a ser secreto.
Recuerda a tus hijos que estas reglas debe aplicarse cuando utilicen ordenadores en cualquier emplazamiento fuera del hogar, como en las bibliotecas.
Por encima de todo, comunica. La mejor protección la constituyen una buena relación y una vida familiar cristiana sana en la que todos los miembros se hablen y recen juntos.
Original inglés procedente del archivo informática de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos de América, traducción de ECCLESIA, IX.2000.
|