Mugallym

Hay una historia que circula por Internet. No sé si es real, pero estoy seguro de que es verdadera, por eso, y porque viene al caso de lo que quiero expresar; me tomaré la libertad de contarla completa, tal y como me ha llegado:
Tiene que ver con uno de estos países que emergieron de la caída de la Unión Soviética, digamos Turkmenistán, por poner un nombre. Dice la historia que el nuevo Presidente que sucedió al líder vitalicio Niyazov ha decidido generar nuevos héroes nacionales en reemplazo de los héroes socialistas que cultivaron por más de sesenta años, y para el efecto nombra una comisión de alto nivel que selecciona cuatro candidatos.
Los cuatro personajes son reunidos en una importante cena en el palacio presidencial de Ashgabat, la capital, en una cena de gala televisada en directo a nivel nacional. - Es una lástima, pero no he podido ubicar el vídeo en Youtube. Agradeceré mucho que quien lo haga me avise. Lo cierto del caso es que en el momento culminante de la ceremonia se hacen las presentaciones oficiales de los candidatos: el primero es un reconocido intelectual, autor de la gran reedición de la “Historia Nacional de Turkmenistán”. El comunismo había difundido una “leyenda oficial” donde el país aparecía como una pequeña provincia de la gran Rusia, sumergida en las arenas blancas del Karakorum. Pero el aporte del sabio historiador redescubrió la importancia del país como el antiguo reino de los Partos y eje de la fabulosa Ruta de la Seda, lo que ha sido decisivo en la formación de la conciencia nacional y el orgullo patrio.
El segundo candidato era una reconocida genetista, que figura también como finalista para el premio Nobel de medicina, por descubrimiento del gen que ocasiona el desarrollo de forma rara del mal de Parkinson entre las mujeres de raza tártara. El tercero es un millonario que hizo fortuna construyendo una gigantesca planta de gas, modernizando su maquinaria, capacitando al personal y generando trabajo directo e indirecto para miles de personas. Lo mejor del caso es que a partir de su éxito generó un programa para que los médicos que atienden en los pueblos del desierto tengan acceso a una central de expertos con quienes consultar sus casos, y conducir análisis avanzados vía Internet móvil, de alta velocidad.
La elección ciertamente estaba muy difícil y el nuevo Presidente se veía en una dificultad enorme. El ujier presentó entonces al cuarto candidato quien se adelantó al centro del escenario. Se trataba de una anciana mujer con la cara curtida por el viento seco del desierto, pero una expresión de bondad, sabiduría y dignidad que únicamente los años y una vida auténtica pueden dar. “Señor, -dijo con voz solemne el ujier-, esta mujer ha sido mugallym (maestra) durante 50 años en una escuela pública del interior del país, en Merv, cerca de la ruta de la seda, y da la casualidad que ella ha formado a estos hombres y mujeres que se han presentado anteriormente.” El Presidente, emocionado, se puso de pie de un salto y se acercó a la mujer. Todo estaba decidido.
No queda mucho más por decir. Tengamos en estos días muy presentes en nuestras oraciones y en nuestra solicitud a nuestros maestros, los que nos formaron a nosotros y aquellos a quienes hemos confiado a nuestros hijos. Pidamos que tengan todos la sabiduría y la “mano” de esta mugallym, y pidamos que el Señor les dé larga vida para ver florecer el fruto de sus esfuerzos de años. Lo máximo de un país, de una escuela, es el mínimo común que puedan dar sus maestros. Nadie forma solo. Trabajemos para que ese mínimo sea cada día más alto. Pero también es cierto, que a nivel personal, una vida puede ser cambiada por un maestro o maestra extraordinarios, ese hombre o mujer que tiene el don de convocar a la luz lo mejor de nosotros y que por eso comparte con nuestros padres el misterio y el privilegio de la paternidad o maternidad espiritual. Demos siempre gracias al Señor por esos maestros.